jueves, 24 de marzo de 2011

Tita Merello . Hoja de vida

          Nació en un conventillo de Balcarce y San Lorenzo, en el barrio de San Telmo, el 11 de octubre de 1904, bajo el nombre de Laura Ana Merello, pero para el público, su público, fue simplemente Tita.
          Hija de Santiago Merello y Ana Gianelli, cochero y planchadora, a los cuatro meses queda huérfana de padre y a los cuatro años, su madre que no podía mantenerla, la interna en un asilo, lo que provocó los peores recuerdos de su vida.
         Seis años duró la internación y a los diez, por una supuesta tuberculosis que no tenía, la envían a una estancia de Bartolomé  Savio, partido de Magdalena, donde es obligada a trabajar como peón de campo, ya sea cuidando ganado, en las plantaciones de cereales o en cualquier quehacer rural.
         No aguantó más esa vida miserable y terminó volviéndose a Buenos Aires. Era 1920 y la casualidad la hizo pasar frente al teatro Avenida, donde en un aviso pedían bailarinas simpáticas y allí fue por su suerte, aunque aún ni siquiera sabía escribir.
          Debutó al sábado siguiente con un bocadillo y el público la silbó. No volvió y creyó que el espectáculo no sería para ella. Pero muchas veces la vida obliga cuando se tiene el estómago vacío y terminó trabajando en el Bataclán, un teatro de la calle 25 de Mayo, donde mostrando las piernas ganaba apenas para mantenerse.
          Llega 1923 y con la dirección de Roberto Cayol pasa al teatro de revistas del Maipo, en un espectáculo llamado "Las Modernas Scherezadas". Ya por entonces había cantado "Trago amargo" y en el Maipo interpretaba "El barrio de las latas"
          Tita comenzó a hacerse conocida y su afán de superación no tenía techo. Su gran oportunidad llegó cuando reemplaza a Olinda Bozán en "El rancho del hermano", con un éxito sensacional. Ya en 1931 algunos periodistas la mencionaban como "la reina del tango". Graba su primer disco y llega definitivamente a consolidarse con "El conventillo de la Paloma". La suerte tomó otro rumbo.
          Entrevistas, notas, su intervención en la primera película sonora argentina, "Tango". Ya en 1934, declaraba que llegaría a ser la gran actriz de Buenos Aires, sin saber cuando, pero que lo sería. Esa era su seguridad y tuvo razón. La actriz, la tremenda actriz que fue Tita dejó a un costado a la cantante. Obras de teatro, cine... En las tablas repitió quinientas veces su personaje de Filomena Maturano. Y quién no recuerda "Los isleños", "Para vestir santos", "Mercado de Abasto", "Deshonra", "Morir en su ley", "Apenas un delincuente" y tantos films que mostraron su mejor rostro, porque ella sabía hacer reír tanto como llorar.
          En 1945 fue premiada en México y en Chile filmó la película "Dos millones". Decir Tita era decir esfuerzo y talento para el público. Era decir, para muchos, la mejor actriz de todas las épocas. De no tener nada, ni siquiera un padre, lo tuvo todo menos el amor correspondido. Siempre, tan sinceramente como lo vivió, declaró su amor por Luis Sandrini, a partir de ese 1933 de la película "Tango", donde también actuó él. Pero las vueltas de la vida le clavó un puñal envenenado, ya que Sandrini la cambió por Malvina Pastorino y ella se quedó con las manos vacías.
          La Revolución Libertadora de 1955 no le perdonó el éxito ni que sea peronista, aunque no le debía ningún favor a Juan Perón ni haber tenido nada que ver con el Partido. La prohibieron acusándola de un contrabando de té, nada más ridículo en la vida de trabajo y esfuerzo que llevaba Tita. Le confiscaron los bienes y su estrella pareció apagarse.
          En 1957 se fue a trabajar a México pero al revés de Libertad Lamarque, que se adaptó al país, Tita al año estaba de vuelta en su Buenos Aires, escenario de sus más grandes logros. Debió conformarse con cantar en parque de diversiones y hasta en circos, porque ni aún con la ayuda de un Hugo del Carril director, salía de esa mediocridad a la que la habían condenado.
          Sin embargo ya a los finales de los 60' y gracias a la televisión, vuelve al canto renovada y su estrella se enciende definitivamente, explotando esa manera de decir el tango que tanto pegó en la juventud.
          Tita, la gran Tita de Buenos Aires, como se la llamó, se inmortalizó el 24 de diciembre del 2002.

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